Competencias Digitales

Las competencias digitales son un conjunto de conocimientos, capacidades, destrezas y habilidades, en conjunción con valores y actitudes, para la utilización estratégica de la información, y para alcanzar objetivos de conocimiento tácito y explícito, en contextos y con herramientas propias de las tecnologías digitales.

Esta es la definición que nos da Wikipedia, que podemos simplificar en “o utilizas las oportunidades que te ofrece Internet o te quedas fuera de juego”, no ya para grandes emprendimientos innovadores sino simplemente para pedirle cita al médico o para pagar el parking.

simmpson competenciasSí, es cierto, todavía se puede sobrevivir, que no vivir, sin Internet. Hay resistencias al cambio y sectores que se retrasan pero… ¿podrás dilatar durante mucho más tiempo subirte al tren de las TIC?

“Me preocupa el futuro porque es donde voy a pasar el resto de mi vida”, es una frase que se atribuye a diversos padres y es, tambien, una verdad como un templo. No tengo una bola de cristal pero es evidente que el futuro es, cada día, más digital.

Y ahí, entra una de mis ocupaciones: ayudar a personas y organizaciones en su proceso de digitalización, ayudarles a identificar y aprovechar las oportunidades que les ofrece Internet.

Imagen: Goolge Imágenes.

No sin Mis Redes

Facebook, Twitter, Linkedin y, en menor medida, Google+ son “mis redes sociales”. Bueno hay otras: Instagram, Pinterest y seguro que alguna más… No, no estoy al día. Tampoco pretendo estarlo. Ya sabes aquello de la “presencia inversa”: a mayor vida digital, menor vida analógica y viceversa.

Intentaré ir al grano:

– En Facebook es donde consigo mayor y mejor interacción

– Twitter lo uso más como fuente de información

– Linkedin es como las antiguas guías de teléfono -hay que estar- pero en estos momentos poca interacción -con notables excepciones- y alguna información puntual de interés en los “grupos”

– Google+ me gusta pero siempre se queda para el final y no siempre hay tiempo

– Instagram, Pinterest las uso muy de tarde en tarde y no porque no tengan su utilidad sino por cuestión de prioridades y de disponibilidad de tiempo.

Ah!, se me olvidaba Foursquare (con sus cambios) que uso sólo de manera excepcional cuando voy a algún sitio desde el que apetece twittear….

Bueno, después de ésta ráfaga de redes te cuento porqué creo que las redes sociales son buenas, interesantes y por eso les dedico tiempo:

  1. Estoy en contacto con personas que de la otra forma sería muy difícil
  2. Conozco gente
  3. Me informo de cosas que por los canales habituales no me llegarían
  4. Puedo contar  de manera rápida, directa y sencilla las cosas que hago (y que quiero contar, claro 😉
  5. Puedo interactuar con otros de manera cómodamente asíncrona.

Seguro que hay más temas, más cuestiones de interés pero aquí, no lo olvides, sólo son BROCHAZOS aunque, como siempre, si quieres, hablamos 😉

[ Y con esto dejamos -por ahora- el tema de las “herramientas digitales”. Hay más cosas 🙂 de las que hablaremos un día de éstos 😉

¿Es legal la máquina de escribir?

Vista la petición formulada por Antonio Comyn en instancia fecha 1º del corriente solicitando que en todas las oficinas del Estado, de las provincias y de los Municipios se admitan las instancias y demás documentos hechos con máquinas de escribir, en los mismos términos y con los mismos efectos de los escrito o copiados a mano:
Considerando que no existe ninguna razón administrativa ni de otra índole que aconseje no admitir en las oficinas anteriormente citadas las instancias y demás documentos que en ellas se presenten hechos con máquinas de escribir, siendo más clara y fácil su lectura que muchos de los escritos a mano y cuya legalidad consiste en la autenticidad de la firma que los suscribe y no en que estén hechos precisamente con letra manuscrita.

La “Gaceta de Madrid“, lunes, 19 de febrero de 1900.

NO es la tecnología, estúpido.

Es la economía, estúpido” es una frase que se popularizó en la política estadounidense de principios de los ’90. Nos sirve para llamar la atención sobre donde ponemos el foco. A menudo pensamos que un maravilloso software o un fantástico dispositivo son la solución a nuestros problemas olvidando que el problema no es la tecnología sino la metodología.

Cuando hablamos de innovaciones tecnológicas, cuando hablamos de innovación social, de cambio… a veces se piensa en un magnífico ordenador o un brillante software que nos resolverán todos los problemas y nos harán más altos, más fuertes y más guapos sin darnos cuenta de que la clave está en las personas y su organización.

Este vídeo lleva unos años rodando en la Red y se centra en la Educación, pero bueno, seguro que a tod@s se nos ocurren otros ejemplos 😉

Estar a la penúltima

FOTO: "Prestada" de Julen, que la tomó de http://flic.kr/p/7hd1LT

Cuanta razón tiene Julen Iturbe cuando exclama ¡ Tengo que estar a la penúltima !

…la presión por enredar con las novedades y la bola de nieve retroalimentada por la urgencia en que vivimos, son dinamita en potencia. Y en realidad, ¿qué ganas con pasarte a una nueva versión de sistema operativo? Insisto, para el 99% de la gente que usamos ordenadores y no vivimos de ellos, nada de nada. Bueno, sí, dolores de cabeza y enfados estúpidos con uno mismo.

Muy bien los early adotpers pero, cuando estás trabajando no puedes entretenerte con inconvenientes sobrevenidos. Y eso vale para el software, para el hardware, para el smartphone, apps,…

¿Por qué? Porque no tengo las competencias técnicas ni el perfil exageradamente experimentador que requiere actualizar a una nueva versión de sistema operativo de Ubuntu. Y creo que esto mismo debería ser una recomendación básica para el 99% de los usuarios: no conviene actualizar hasta pasado un cierto tiempo.

Acaba Julen preguntándose si

¿Realmente es una buena política la de actualizar un sistema operativo cada seis meses?

Esto nos recuerda lo que hemos estado hablando sobre la obsolescencia programada…  Mientras te lo piensas usa la penúltima versión, cómprate el penúltimo modelo,… o no.

P.S.: Igual aquí cabe también recordar aquello de que lo mejor es enemigo de lo bueno, que nos podemos cargar algo óptimo buscando una imposible excelencia.